jueves, 6 de diciembre de 2012

Los "otros" grandeligas I


Miami.- Son ya trece años los que lleva en el béisbol organizado, el sueño de muchos enamorados del béisbol convertido en realidad, pero de una manera diferente.

Alejandro Martínez es uno de los primeros en llegar al estadio, se pone el uniforme de los Medias Rojas de Boston y se prepara para un día más en grandes ligas, es el receptor de bullpen de los patirrojos.

“Este es mi sexto año con el equipo, antes estuve por siete temporadas con los Indios de Cleveland desde el 2000 al 2006 en ligas menores”, comentó el nativo de Araira, estado Miranda, quien se encarga de preparar a los serpentineros antes y durante cada juego así como de lanzar práctica de bateo y tener todo el set de pelotas listos antes de que comience cada jornada, por decir lo básico de sus deberes.

De la mano del jardinero Alex Ramírez, quien juega desde hace varios años en Japón, fue su presentación en sociedad ante los ojos de las mayores. Ambos representaron al estado Miranda en torneos nacionales e iban a try outs juntos, tantos fueron los llamados estadales que el guardabosques se quedaba en casa de los Martínez numerosos fines de semana: “en el año 2000, un día estoy en Venezuela trabajando con mi papá en una radio y mi mamá me regañó y me mandó a limpiar el cuarto, entre el perolero conseguí el número de Alex en Winter Heaven, y al llamarlo me invita a pasar unos días allá”.

Días previos al comienzo del Spring Training de ese año iban juntos a la jaula de bateo del complejo de Cleveland en la Florida, Martínez le lanzaba práctica a Ramírez con un uniforme prestado por éste, trotaban juntos. “Un día le estoy tirando práctica en la jaula, y llegó (Omar) Vizquel y pregunta quién soy yo, Alex le dijo que era un primo de él, luego llegó Jim Thome, y se metió a que le lanzara, luego llegó John McDonald, Roberto y Sandy Alomar pidieron que les lanzara también”.

Casualidad o causalidad, cualquiera de las dos, es la que le abrió las puertas del béisbol organizado, pues en ese momento, y atípicamente a lo que era su rutina, el mánager Charlie Manuel pasó por los túneles para ir a su oficina. Ese día se le quedó viendo a Martínez y le dijo a Ramírez que necesitaba hablar con él en la oficina: “ahí dije ´ay Dios mío, lo metí en problemas´, al rato viene Alex muerto de la risa, y al preguntarle qué le había dicho me contó que me había mandado a preguntar si quería trabajar con ellos, yo enseguida le respondí que era talla 34 de pantalón y XL de camiseta”. Allí comenzó su ruta por las menores de los indígenas.

Ya oficialmente recibió envíos en el bullpen y lanzó práctica de bateo en el campamento de Cleveland. Recuerda que el primer grupo de bateo al que le tocó lanzar estaba conformado por Thome, los hermanos Alomar, Manny Ramírez y Travis Fryman. “El primer pitcheo se lo metí a Thome en la espalda, estaba muy nervioso y Alex estaba detrás de mi presionándome, diciéndome que me quedara tranquilo… que pusiera la pelota por ahí… que tengo que lanzarla bien… este loco hablándome y yo teniendo que lanzarla bien, no me dejaba concentrarme. Luego, Thome me dijo que me quedara tranquilo, que la lanzara más duro y que no me preocupara”, sonrió el criollo.

Martínez también estuvo en el béisbol profesional venezolano, como receptor de bullpen de los Leones del Caracas por varias temporadas. Esa experiencia en el circuito local le valió para no llegar fuera de forma a los campos de entrenamiento.

Casualmente fue con los melenudos que recibió el llamado que todos los vinculados al béisbol desean oír, al menos una vez en su vida. En 2006 estaba lanzando práctica en el Universitario y el Dr. Oscar Prieto Párraga detuvo el entrenamiento para indicarle a Martínez que atendiera una llamada, al hacerlo, la otra persona se identifica, era el ex director de liga menor de Cleveland, John Farrel (actual mánager de los Azulejos de Toronto), quien le señala a Martínez que él (Farrel) había sido contratado por Boston para ser su coach de pitcheo, “le digo ajá, ¿y qué tengo que ver con eso? y me dice que quiere que sea su cátcher de bullpen. Le dije que no se hable más, dime dónde y cuándo tengo que estar”.

Su vocación, talento y profesionalismo le han valido estar tanto tiempo en las mayores.

Su rol es un trabajo que exige mucho de quien lo desempeña, Martínez explicó que al estar allí debe ser constante, saber que no puede ni sentirse un pelotero más ni menos que los jugadores, saber sus limitaciones, hacer el trabajo y saberse la rutina: “eso es lo que a los pitchers les ha gustado, yo les conozco la rutina a todos, sé con cuál pitcheo vienen, dónde ponerme, ya ellos no me dicen dónde me tengo que poner y eso lo aprecian”.

 
Publicado en El Universal el 6 de agosto de 2012

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario